Jorge Peique forma parte de la generación de jóvenes enólogos que durante la última década han hecho de la D.O. Bierzo una zona emergente y descubierto la Mencía como una de las castas autóctonas españolas con más posibilidades, variedad con la que trabaja en su casa, Bodegas Peique. Además, es el responsable del vino que el grupo Marqués de Vargas elabora en Ribera de Duero, donde trabaja con la Tinto Fino o Tempranillo. Todos los vinos que firma están siendo poco a poco reconocidos a nivel internacional, aunque la meta de Jorge Peique es mucho más cercana y de juez más severo: sentirse satisfecho consigo mismo e intentar superarse en cada cosecha.
Procedente de familia viticultora este hombre de campo de tan sólo 34 años tuvo siempre claro que su futuro estaba en el vino. “En el Bierzo sabes lo que es una cepa desde que naces. Es muy típico que todo el mundo tenga bodega, aunque mis padres elaboraban para vender a granel”, explica Jorge Peique, quien decidió estudiar Enología en Requena finalizando sus estudios en 1994.
Al año siguiente pasa a formar parte del equipo de enólogos de una de las grandes de Ribera del Duero, Bodegas Protos bajo la dirección de Ángel Luís Margüello, actualmente enólogo de Real Sitio de Ventosilla, en la misma denominación. Después, en 1998 se encarga de la puesta en marcha de Bodegas Tarsus, también en la Ribera del Duero, donde permanece hasta 2001 firmando las añadas 1998, 1999 y 2000 junto con el enólogo francés Herbet Romat. Desde el año 2001 ejerce el puesto de director técnico y de bodega en un nuevo e importante proyecto, Bodegas y Viñedos Conde de San Cristóbal, la bodega ribereña del grupo riojano Marqués de Vargas. Además, desde el año 1999 se encarga de la dirección técnica de la bodega familiar, Bodegas Peique, en la D.O. Bierzo.
Así pues, en este momento Jorge Peique se divide entre su casa en la localidad berciana de Valtuille de Abajo y la finca Pago de Valdestremero de la Ribera del Duero, donde afirma sentirse igual de cómodo, quizá por la carta blanca que reconoce que le ha concedido la empresa para la que trabaja, quizá porque toda su formación técnica la ha acumulado en esa tierra. “En Conde San Cristóbal estamos haciendo las cosas muy despacio y muy bien. Me siento orgulloso de lo que vamos consiguiendo”, explica el enólogo que en esta bodega vigila y cuida 80 hectáreas de viñedo de entre 7 y 25 años, el 80% Tempranillo ó Tinto Fino, y el 20% restante repartido entre Merlot y Cabernet Sauvignon. |