En una cata celebrada en Madrid a finales de marzo y recién llegado de la vendimia sudafricana, Raúl mostró y contó con transparencia y sencillez los muchos vinos y proyectos que le ocupan actualmente. La mayoría tiene la virtud de unir su carácter experimental con unos umbrales de calidad inesperados para ciertas zonas y variedades. No es habitual poder probar en el mismo día un monovarietal de caíño, otro de loureiro tinto y un blanco de alvarín, además de albariños, mencías, garnachas de San Martín de Valdeiglesias y hasta vinos dulces que experimentan con la botritis.
Raúl Pérez, que se hizo un nombre con sus tintos del Bierzo, sigue siendo el enólogo de Bodegas Estefanía (Tilenus) en esta zona, pero hace ya un tiempo que abandonó la bodega familiar de Castro Ventosa donde creó la gama Valtuille. Hoy, con proyecto en solitario en la denominación leonesa, considera que no hace sino continuar esa línea de trabajo con otro nombre. Su nueva marca es Ultreia, el saludo que se daban los peregrinos en el camino de Santiago y que viene a ser una especie de “adelante” o “continúa”.
Casi todos los vinos que probamos proceden precisamente de viñedos situados a uno u otro lado del camino de Santiago, probablemente la vía más importante de entrada de variedades en nuestro país, y en los que existe un remanente importante de uvas inexploradas sobre las que se concentra gran parte del trabajo de Raúl Pérez.
Al iniciar la cata, una declaración de principios citando al brillante y dedicado borgoñón cuya vida acabó en trágico suicidio, Denis Mortet: “Mi trabajo termina cuando la uva llega a bodega”. Raúl defiende la sencillez a la hora de trabajar, la limitación de los tratamientos en viña y en el uso de sulfuroso, pero se niega a colgarse la etiqueta biodinámica: “A la cepa hay que tratarla, más que con una normativa, con racionalidad”.
Jay Miller, de The Wine Advocate, que acaba de dar 98 puntos tanto a su tinto top del bierzo (Ultreia de Valtuille 2005) como al que debe ser el mejor ribeira sacra de la historia (Pecado 2005), ha escrito que “éstos son vinos brillantes, artesanales y hechos a mano que no pueden ser descritos sólo con palabras. Hay que experimentarlos para creérselos”.
Lo que sigue es nuestra impresión de una cata algo menos reposada de lo que nos hubiera gustado (no hubo tiempo suficiente para apreciar en su justa mediada muchos de los vinos), pero reveladora y estimulante. |